jueves, 20 de septiembre de 2012

Sueños


Apenas los primeros rayos de sol habían acariciado su cara cuando Ricardo, sobresaltado se despertó y rápidamente corrió a apagar su despertador, odiaba aquel estridente sonido con toda su alma. Escuchaba a su madre venir por el pasillo y decidió levantase rápidamente antes de que su madre le dijera nada, últimamente cualquier tontería era motivo de disputa entre los dos.
Salió de su cuarto, con un pantalón que le hacía sentirse bastante cómodo y una camiseta, nada especial, era viernes y se decía a si mismo que hoy sería un buen día, que tras la primera semana de clase todo había ido muy bien; había empezado con ganas el curso, hacia todo lo que un chico de su edad  debía hacer, y notaba que sus fuerzas habían acabado por esa semana, solo quería ir a clase y que acabara la semana, con suerte mañana sería un gran día, si todo salía bien.
-¿Buenos días mama-dijo con soltura-quedan tostadas?
-¿Ricardo?!¿Vas a desayunar? Estas enfermo o algo…nunca desayunas-dijo con un gran asombro. Se limito a ir a la lacena y ver si quedaban tostadas o pan de molde en su defecto, se alegro al ver dos trozos de pan en la bolsa y se dispuso a desayunar algo, una taza de café caliente y un par de tostadas con mantequilla, le quedaban 10 minutos para acabarse el desayuno (bueno, lo que quedaba de él), arreglarse un poco y salir por la puerta con el tiempo justo para llegar al instituto. Engullo dos últimos bocados de pan y corrió al cuarto de baño, se adecentó lo mas que puedo , cogió las llaves y salió por la puerta,; mientras bajaba por las escaleras se preguntaba si hoy conocería a alguien especial, a alguien que mereciera la pena, aunque en el fondo sabia no.
-Que te pasa carapan?
-ehh? nada tío cosas mías-Adrian tenía esa capacidad para darse cuenta de todo, incluso entre un grupo de personas fue capaz de fijarse en mi y darse cuenta que algo me rondaba por la cabeza, tenía razón.
Se acercaba a la puerta del instituto, gente aglomerada alrededor de la puerta “¿Que esperan con tanta ansia?”, el se decía a si mismo que nunca se emocionaría por nada relacionado con los estudios. Él día transcurrió con normalidad, no le mandaron mucha tarea para casa, ahora solo quería coger el móvil y llamar a Cristina, ver si quería ir a dar una vuelta, quedar con Alberto y Belén tal vez, despejarse, quitarse preocupaciones de la cabeza, de momento, se había puesto los cascos y se había tumbado en la cama “no te duermas” se decía para sus adentros, pero ya era tarde… Cristina frente a él los dos flotando, claramente debía ser un sueño, ¿Como podía saberlo?
-Ricardo, mira dentro de ti, sabes lo que te atormenta-aquella voz le producía nauseas, pero a la vez era familiar, el sueño desvarió y finalmente antes de despertarse vio una cara, un anciano, le miraba con benevolencia.
Despertarse empapado en sudor no era una de las mejores sensaciones y para colmo el móvil no paraba de sonar
-¿Si, quien es?
-Ricardo, soy Cristina te estamos esperando, ¿vas a bajar hoy o qué?
-Si si, en 10 minutos bajo.
Sabía que aquello era mentira, se tenía que duchar y aunque fuera chico, le gustaba regodearse, en la ducha se sentía libre; se arrastro hasta la ducha y en el momento en que el agua fría toco su piel, erizándola como escamas, la voz de aquel viejo hombre volvió a su mente, dejando paralizado no era un simple recuerdo vago producto de su imaginación, lo escuchaba dentro de su cabeza, claramente, este se preguntaba una y otra vez lo mismo “el chico habrá recibido el mensaje”, creo que no era consciente de que le estaba escuchando, pero de repente todo fue negro, dos sillas, el hombre maniatado a una de ellas, Ricardo frente a él,”¿Cómo he llegado aquí?”.Un dolor punzante y otra vez estaba en la ducha, en el suelo de la ducha, pálido y desorientado, decidió no pensar en ello por mucho más tiempo, apago el móvil, se metió en la cama y espero a que sonara el despertador, por una vez, se alegraba de escucharlo. Era Sábado y aun así, estaba contento de haberse levantado pronto, hoy iba a ver a alguien especial para él, pero tenía que darse prisa era las 8.45 y el metro salías a las 9:00, si no llegaba, no estaría a tiempo para verla llegar. En el metro se comía la cabeza con que decir al verla, que hacer…pero dejo que el corazón le guiara; allí estaba frente a la estación esperando que llegara su tren, y llego…la vio bajar, con un pelo oscuro color azabache, unos ojos que penetraban y una sonrisa de oreja a oreja, mis piernas comenzaron a moverse, al compas de las suyas, y sin darse cuenta Ricardo y Esther estaban abrazos, tanto tiempo había esperado tan peculiar pareja que pasaron minutos hasta que se separaron, querían sentirse envidiados, el uno por tener cerca al otro, por poder verse, por poder tocarse, por ver que toda promesa de cariño era cierta, por ver que cada te quiero era real y Ricardo no daba crédito, estaba siendo tierno, el, que tanto había deseado abrirse, lo había conseguido, gracias a ella..Salieron de la estación y ella con una risa tímida lo cogió de la mano, Ricardo sorprendido le se acerco, le aparto el pelo y le susurro “Estaba deseando que lo hicieras”, ella sin dejarle escapar le dijo “Eres increíble”.
Pasearon durante un buen rato, Ricardo se sentía envidiado, tenía a su lado a una gran persona, mejor amiga y quien sabe…tal vez algo mas, había química entre ellos, eso estaba claro; para mejorar la situación era la época preferida de Ricardo, Otoño, hacia frio, pero sin pasarse, las hojas caían de los árboles y el aire estaba cargado de un cierto aire de melancolía, todo eso enternecía un poco  más a Ricardo, fueron a un parque cerca de la estación, ya habían comido y no tenían mucho tiempo, Esther salía a las 19:00 y ya quedaba menos de un par de horas para eso, asique simplemente se tumbaron, el uno cerca del otro, notando el calor del otro, diciéndose cosas imposibles que hacer, sitios que visitar, noches que compartir..Finalmente ambos se durmieron abrazados, intentando congelar ese momento, intentando que el otro no se fuera nunca.
Otra vez aquella estancia, dos sillas, las dos vacías esta vez, una puerta abierta tras él y un sentimiento de culpa que le hacía romper a llorar, “¿Dónde estaba?”, decidió averiguarlo, atravesó la puerta y para su asombro vio a aquel hombre sentado frente a miles de monitores, en el se veía a Ricardo, en muchas escenas, bizarras, bonitas, raras..No lo comprendía…el hombre se giro y solo dijo una frase “¿Que pensarías si te dijera que los sueños no son solo sueños?”

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Una espina menos.